ayer en el metro vi cómo un chico se ponía recto e intentaba
elevar el hombro porque la señora de al lado se había dormido y, sin querer, se
había apoyado en él. No se conocían, pero el chico, sin dejar de mirar el
móvil, intentó que la mujer después no tuviera dolor de cuello. Era un chico
joven, vestido con ropa oscura e intentando parecer un tipo duro, pero hizo
algo muy tierno (creo) sin querer.
La ternura no está en un anuncio de Milka, la ternura se
encuentra incluso en el metro de Madrid un jueves a las ocho de la tarde. Y se
encuentra, sobre todo, en un tipo de personas muy concreto.
Es el tipo de personas que, aunque vayan con prisa, le
sujetan la puerta al vecino para que pase antes. Que no les pitan a los coches
que van con la L. Que sonríen a los niños y acarician a los perros. Que si ven
a alguien solo en clase se sientan a su lado. Que te avisan si llevas la
mochila abierta. Que dan los buenos días al llegar al trabajo, aunque nadie les
responda. Que no se quejan a la gente que trabaja de cara al público. Que no
cruzan en rojo cuando hay niños delante. Que tienen paciencia con las personas
mayores.
Hay mucha gente que es así, y también hay mucha otra que no
lo es y no pasa nada. Creo que no es algo que se pueda elegir, creo que esas
personas son así sin querer. No es solo el hecho de ser amable, son los gestos
pequeños que no se ven pero que cuando los ves el día es un poco mejor.
Y son las cosas que se hacen no para ser vistas, sino para
mejorar un poco el mundo de manera discreta. Porque el chico del metro no miró
alrededor cuando dejó que la mujer se apoyara.
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