ayer bajé al río y se puso a llover.
No nos importó, porque no hacía frío, así que nos quedamos
allí. Estábamos bien. Estábamos empapados, pero no me importó.
Me lo estaba pasando muy bien, aunque no paraba de pensar
que estaba empapada y al llegar a casa seguiría empapada. También pensé que al
salir del río sí que tendría frío, pero no lo pensé mucho, era un problema del
futuro.
Cuando decidimos volver a casa y salimos del río seguía
lloviendo.
Fue en ese momento cuando tuve una sensación que me resultó
familiar. La sensación de que no iba a volver a estar seca nunca más.
Era imposible que, con lo mojada que estaba y con todo lo
que estaba lloviendo, yo pudiera volver a estar seca en algún momento.
Y tuve frío.
Es como cuando estoy triste.
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