25 may 2026

anécdotas

mis amigos del cole, los de toda la vida, los del barrio, tienden a exagerar las anécdotas cada vez un poco más. 

La primera vez que se cuenta algo es bastante similar a como ocurrió. La segunda es un poco más gracioso. La tercera es bastante más épico. Y así hasta el infinito.

Es igual con todas las anécdotas que se cuentan más de una vez. La historia va siendo más exagerada, más impresionante, hasta que ya no me acuerdo si de verdad Álvaro se subió al árbol aquel volviendo de las fiestas de Alcorcón para coger una silla que había arriba. Yo solamente recuerdo que en el metro llevaba la silla.

Al principio, cuando me di cuenta de esto, me molestaba un poco, porque mis recuerdos cambiaban. Había cosas de las que no me acordaba y solo tenía lo que contaban mis amigos, que cada vez cambiaba un poco. Me parecía que estábamos jugando con los recuerdos y no me parecía bien.

Luego, viendo que era ya casi una tradición, pensé que a quién le importaba. Los recuerdos son nuestros, es nuestra historia compartida, nadie más estuvo allí, así que da igual.

La vida no es como la vivimos, sino como la recordamos para contarla. Y a mí me gusta mucho cómo la cuentan mis amigos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario