23 feb 2026

los vasos

me gustaría que en mi futura casa los vasos fueran cada uno de un color. Y cada uno de una forma.

No quiero una vajilla de vasos iguales, los quiero distintos. Quiero que todas las personas que vengan a mi casa, que espero que sean muchas, puedan elegir qué vaso utilizar.

Los platos me dan igual, pueden ser los mismos para todo el mundo, creo que no son tan importantes. Pero los vasos tiene que ser distintos, lo veo necesario.

Sé que a mi madre esto no le va a hacer ninguna gracia, pero he pensado que a ella le compraré un vaso que le encante para que cuando venga a mi casa tenga su vaso favorito del mundo y no preste atención al resto de vasos.

En mi casa actual los vasos no son todos exactamente iguales, pero son muy parecidos. Y cuando viene gente sí que sacamos todos los vasos y los platos iguales. Y los cubiertos menos gastados cuando es Navidad y comemos en mi casa. Las apariencias, supongo.

No es que quiera que mi futura casa sea jauja, me gusta el orden, pero me gustan más los vasos de colores y formas extrañas. Así, cuando venga mi hermano podrá coger uno rosa y grande donde quepa mucha agua. Mi padre una copa de cerveza donde la pueda servir con espuma. Mi madre no sé cuál querrá, creo que no lo ha pensado, pero tendrá que ser con el borde fino. Yo quiero uno con dibujos de casitas como el que uso ahora los días que no lo coge mi padre.

Quiero una casa con vasos y gente de todas las formas.

También quiero que mi madre no lea esto hasta que consiga tener todos los vasos (o por lo menos el suyo).

7 feb 2026

para quedarse

siempre que llego a un sitio pienso en el tiempo que tengo para estar ahí.

Tanto si me gusta ese sitio como si no, calculo el tiempo que voy a estar.

Puede ser un viaje de una semana que desde que llego sé que se me va a hacer corto o puede ser una clase de dos horas que sé que se me va a hacer eterna.

Incluso en sitios donde no debería pensar en eso, lo pienso. Pienso en los años que me quedan jugando al fútbol en mi equipo. Pienso en el tiempo que me puedo quedar en casa de mis abuelos después de comer. Pienso demasiado.

Lo que es peor, lo pienso también con las personas. Cuánto tiempo va a estar una persona en mi vida. Es imposible saberlo, pero yo lo pienso.

Creo que puedo hacer un cálculo aproximado de hasta cuando voy a tener a alguien a mi lado. Digamos que no lo calculo en tiempo, sino en acontecimientos. Esto me parece muy frío, pero es que no puedo evitar pensarlo. Sé, por ejemplo, que cuando estoy triste o enfadada, hay personas que prefieren no verme. Soy consciente de que depende de cómo actúe y las cosas que diga, va a haber gente que deje de tener la misma relación conmigo.

Una vez me dijeron que es miedo al abandono, pero no lo es. No me da miedo que esas personas se vayan. Me daría pena, estaría triste, pero sé que puede pasar y que no es tan difícil que ocurra. No me asusta.

Porque igual que sé que hay sitios de los que me voy a tener que ir, hay otros en los que sé que me puedo quedar. Y sé que hay personas que van a estar ahí. Son pocas y podría nombrarlas sin problema. Sé que se van a quedar. Y eso es suficiente.

Me refiero a que no hace falta que estén ahí siempre, constantemente, porque sé que cuando hace falta están ahí. Han conseguido que yo sea consciente de ello y confíe en que será así.

Es una seguridad que no sé cómo explicar. Como cuando te dan un abrazo que necesitabas y no te sueltan hasta que tú sueltas.

Saber que esa persona es un lugar para quedarse