19 sept 2026

pensamiento recurrente

tengo un pensamiento recurrente últimamente.

En general tengo muchos pensamientos recurrentes, pero durante los últimos días hay uno en concreto con el que estoy en bucle y es el de las cosas que no existen.

No hablo de unicornios y cosas por el estilo, sino de todo lo que podría haber sido y no es.

Todo empezó porque estaba buscando unas fotos antiguas en casa y, mirando las fechas, me di cuenta de que había un verano, el del 93, del que había menos fotos. Le pregunté a mi padre (porque yo en el 93 no estaba viva) y me dijo que el carrete salió mal al revelarlo, se quemó, las fotos no se veían.

Esas fotos se hicieron, pero no existen. Podrían haber existido si el carrete no se hubiera estropeado.

Hay muchísimas fotos que se hicieron y no existen, lo que me lleva a todas las demás cosas que podrían haber existido y no.

Las conversaciones pendientes es otra cosa en la que pienso, aunque eso era también un pensamiento recurrente en sí, antes de pensar lo de las fotos.

Lo que más rabia me da de todas las cosas que podrían existir son las ideas que tenemos justo antes de quedarnos dormidas. Ese brillante pensamiento que tenemos antes de dormirnos, que podría ser un increíble proyecto de futuro, la novela más vendida de la próxima década o la cura de una enfermedad rara.

Esos pensamientos que son y a la vez no, que podrían ser la solución a todos nuestros problemas, es en lo que pienso últimamente. Aunque en realidad no puedo pensar en ellos, porque no existen.

5 sept 2026

cristal

una amiga dijo ayer que algunas personas son como sujetar un cristal roto con las manos descubiertas.

En lugar de personas se podría aplicar a algunas relaciones.

Intentas evitar que se caiga, porque si se cae se va a romper y no quieres que tu cristal se rompa. Todo el mundo sabe que el cristal es lo suficientemente frágil como para romperse con facilidad, así que no lo sueltas para que no se haga añicos.

El problema es que ese cristal ya está roto. Y tú te estás cortando.

Cuanto más fuerte lo agarras, más te cortas. No ves la sangre, pero la hay. De hecho hay mucha sangre, pero como el cristal está bien, tú no la ves. Sientes el dolor, pero no es nada en comparación con la posibilidad de un cristal roto.

Al final, consigues dejar el cristal con delicadeza, evitando ningún daño. Y es cuando ves la sangre a tu alrededor y sientes el dolor de los cortes en tus manos.

El cristal está perfectamente, o todo lo bien que estaba cuando lo cogiste. Pero tus manos están destrozadas. Van a tardar mucho en curarse. Vas a tardar mucho tiempo en poder coger otra cosa, otro cristal, aunque ese no esté roto.

Todo esto no lo dijo mi amiga, lo reflexioné yo después. Ella solo dijo lo del cristal y ya sobrepensé yo sola lo demás.