23 oct 2026

el último año nuevo

el último año nuevo no recuerdo si seguí todas las tradiciones que hacemos en mi casa para entrar con buen pie en el año.

No sé si llevaba monedas en el bolsillo para que me fuera bien económicamente. Creo que no tenía las llaves en la mano para poder conseguir un piso, porque no sabía dónde quería el piso. No sé si tenía un puñado de lentejas en la mano para tirarlas al aire cuando terminan las campanadas como hacen en Venezuela. Creo que llevaba unas bragas rojas, no sé muy bien por qué. Sé que no estaba debajo de la mesa para atraer el amor.

El último año nuevo lo empecé sentada en el suelo (porque así solo se puede ir parriba), al lado de mi primo de 3 años y sus uvas pequeñitas, porque él también es pequeño. Empecé a comer uvas antes de que sonaran las campanadas, porque es lo que hacía mi abuelo, y alguien me regañó, pero mi primo se rio y empezó a comérselas también. "Así luego nos da tiempo". 

Alguien dijo que daba mala suerte y yo pensé que yo ya llevaba las bragas rojas (sí que las llevaba), así que daba igual. Además, yo no tengo nunca de esa mala suerte, yo tengo suerte a secas y recuerdo pensarlo (y sentirlo) así.

El último año nuevo no seguí todas las tradiciones para que fuera bien el año, porque sentía que ya tenía todo lo necesario, o porque me daba igual. Porque algunas cosas parecía imposible que cambiaran.

El último año nuevo debí enfadar a la suerte.

El próximo año nuevo sé que me sentaré en el suelo y mi primo me imitará, con sus uvas un poco más grandes, aunque todavía pequeñas, de niño de 4 años. Y sé que empezaremos a comer uvas antes de tiempo y alguien me regañará (solo a mí, no a él), pero me dará igual, porque es lo que hacía mi abuelo. Y porque la mala suerte no existe. De lo demás no sé nada.

Pero no pienso meterme debajo de la mesa, desde ahí no pueden volar las lentejas.

17 oct 2026

rápido

de pequeña corría muy rápido.

En realidad no sé si era rápida, solamente la más rápida de mi clase, que cuando tienes nueve años es correr muy rápido. Lo recuerdo porque en ese momento era muy consciente de que corría más rápido que el resto de mis compañeros y era algo importante.

También recuerdo que me daba miedo dejar de ser la más rápida. No me daba miedo dejar de poder correr, sino no ser la que más rápido lo hacía. Por eso sé el momento exacto en el que un compañero me ganó corriendo y todo este asunto de correr dejó de ser tan importante.

Aunque si lo pienso, no ha dejado de darme miedo que me adelanten, aunque ya no sea corriendo. Por eso voy siempre demasiado rápido, sin parar, porque sé que alguien me va a adelantar.

Además, hay algo detrás de mí a lo que me gusta llamar "el irremediable paso del tiempo" que me persigue continuamente. Y es más rápido que yo. Por mucho que corra, me alcanza.

Aunque no sé hacia dónde corro, pero no quiero que me adelante.

13 oct 2026

hace tiempo

he estado buscando entre mis textos algo que hubiera escrito hace tiempo.

No sé si buscaba algo ya terminado que mereciera la pena compartir o si quería algo de inspiración. No he encontrado ninguna de las dos cosas. Lo que sí he encontrado son un montón de cosas bonitas dedicadas a gente que ya no las merece. 

Por ejemplo, hay una página entera hablando de lo que echaba de menos a uno de mis mejores amigos cuando se fue a vivir fuera. He llorado leyéndolo, porque le sigo echando de menos. El problema es que mi amigo volvió hace tiempo y no me llamó, entonces lo que escribí sobre él ha perdido todo el valor.

Hay cosas tan bonitas y me ha dado tanta rabia que al final he dejado de leer. No merece la pena hacer sangre, porque todas esas personas eligieron no estar.

He llegado muy atrás en el tiempo, no me acordaba de haber escrito esas cosas. Y es curioso, porque tampoco me acordaba de haberlo sentido. Solo me queda tristeza, pena, enfado, rencor... Nada de lo que dicen los textos sobre la amistad, el amor, la confianza o la lealtad. De las cosas buenas no queda nada en mí, solo en lo que escribí hace años.

No sé si duele más saber que ahora solo queda la ausencia o recordar que antes había más cosas.

3 oct 2026

la vida

a veces la vida es abrumadora.

Esta mañana mi abuela me ha contado que mi prima tuvo ayer una entrevista de trabajo, pero que no le había dicho todavía si la habían cogido o no.

Mi abuela estaba un poco enfadada porque mi prima ya sabe si tiene el trabajo, porque se lo decían en el momento. Me ha dicho que para contarle solamente que tenía una entrevista que mejor le dijera directamente que tenía trabajo.

Yo he pensado que a mi prima no le han dado el trabajo y que no se lo ha contado a mi abuela porque la vida a veces es abrumadora y cuesta contarle algunas cosas a la yaya.

Sé que le contó lo de la entrevista porque mi abuela se iba a poner contenta y podía estar un par de días pensando que mi prima podría tener un trabajo mejor. Es fácil dar buenas noticias, dar esperanza a la gente que te quiere, aunque sea solo para un ratito.

A mí también me pasa lo que a mi prima. Cuando me pasa algo malo no lo cuento. Y si tengo que contarlo me espero un rato (o unos días) hasta que lo asimilo y la vida ya no es tan abrumadora, porque nada es tan grave como cuando acaba de ocurrir.

Todo esto no se lo he dicho a mi abuela. Tampoco lo de que no creo que le hayan dado el trabajo a mi prima. Aunque esté un poco enfadada por la falta de noticias, mantiene algo de esperanza, que es algo que ninguna de sus dos nietas tenemos ya. 

Una abuela esperanzada es siempre motivo de alegría y hace que la vida no abrume tanto.